Alfonso Rosado Sánchez, el explorador del bosón de Higgs

Es autor de cerca de 60 artículos científicos, con más de mil citas

Alfonso Rosado Sánchez, académico del Instituto de Física “Ing. Luis Rivera Terrazas”, es autor de cerca de 60 artículos científicos, con más de mil citas. Sus investigaciones buscan comprender los primeros instantes de la conformación de la materia y el Universo. El 75 por ciento de su trabajo se relaciona con la existencia del denominado bosón de Higgs, aportaciones que abonaron al descubrimiento más importante de la Física en las últimas décadas.

Su prestigio científico le abrió las puertas para participar en el capítulo “Symmetry Principles and Conservation Laws”, incluido en la Encyclopedia of Life Support Systems, uno de los mayores repositorios de libros electrónicos en la web auspiciado por la UNESCO.

Desde 1987, el doctor Alfonso Rosado estudia la posibilidad de encontrar nuevas partículas subatómicas que permitan entender la conformación de la materia y los primeros instantes del Universo. En ese año su trabajo no fue tan relevante porque no existía la suficiente energía para hacer física experimental y tuvieron que pasar 26 años para validar sus teorías.

Fue en el mes de julio de 2012 cuando sus aportaciones teóricas abonaron al descubrimiento más importante de la Física en las últimas décadas: la llamada Partícula de Dios. “El 75 por ciento de mi trabajo se relaciona con la existencia del denominado bosón de Higgs. Estaba preocupado porque no se le detectaba. Tantos años de estudio y nada. Cuando lo encontraron, exclamé: ¡Por fin, mi vida ahora tiene sentido!”, relata el investigador adscrito al Instituto de Física “Ing. Luis Rivera Terrazas” de la BUAP (IFUAP).

Es así como Alfonso Rosado Sánchez, oriundo de Matías Romero, Oaxaca, y apasionado de la música y el cine, forma parte de este hallazgo colectivo del CERN, el cual permitió que el Premio Nobel de Física 2013 lo obtuvieran Peter Higgs y Francois Englert. “Tenemos un trabajo donde concluimos que la masa del bosón de Higgs era de 280 gigaelectronvoltio (GeV), pero salió en 125 GeV; por otro poco y le pegamos”, ríe nervioso.

En la calidez de su cubículo, iluminado por la luz del mediodía y donde el son cubano se mezcla con la ópera, pasando por el bolero y la cumbia, el académico del IFUAP se pregunta: ¿El bosón de Higgs es el único o hay más?

 “Hasta el momento solo se ha descubierto un bosón de Higgs. Nosotros pensamos que probablemente haya uno más, porque los físicos experimentales encontraron una señal de la existencia de otro en un intervalo de 550 a 700 GeV, pero esta información resultó ser un error experimental”.

No obstante, Rosado Sánchez, galardonado con el Premio Estatal de Ciencia y Tecnología 2010, en Ciencias Exactas, profundiza en la producción de partículas bosónicas en las colisiones protón-protón y electrón-protón. Es decir, en conocer la fenomenología de las interacciones fuertes y electrodébiles que ocurren en los experimentos del CERN. Por lo tanto, “predecimos qué sucederá en tales colisiones y calculamos dónde encontrar las partículas bosónicas y fermiónicas”.

 

 

Mira directamente a los ojos y afirma: “Es difícil que solo sea un bosón de Higgs neutro, pienso que debe existir otro y muy probablemente sea cargado”. Una corriente de aire se cuela por la ventana. De ser cierta su teoría se estaría hablando de un nuevo modelo de las interacciones electromagnéticas y fuertes, diferente al Modelo Estándar, la teoría que describe cómo interactúan las partículas elementales que conforman la materia.

Su campo de estudio abarca también el principio de equivalencia, a través de la mecánica cuántica y la caída libre de cuerpos, la paradoja de los gemelos y la relatividad espacial, el número de las dimensiones en el Universo, el cambio de sabor en decaimientos de quarks pesados y la asimetría materia-antimateria, entre otros temas relacionados con la energía, materia, espacio y tiempo. Tales investigaciones se han plasmado en cerca de 60 artículos científicos, con más de mil citas.

EL LLAMADO DE LA CIENCIA

Su destino estaba escrito: contribuir al entendimiento del origen de la masa de partículas subatómicas. Estudió la maestría y el doctorado en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) del IPN. Su decisión de continuar con un posgrado fue por una razón bastante curiosa. “Me fui por la lana, porque estudiar la maestría y el doctorado en Física me dio la oportunidad de obtener una beca por 3 mil 450 pesos mensuales, que en ese entonces me permitía vivir bien”.

Más tarde, realizó una estancia posdoctoral en el Physikalisches Institut der Universität Würzburg, en Alemania, donde desarrolló un programa de cómputo para efectuar los diferentes cálculos teóricos de interacciones entre partículas.

Aquella decisión de su juventud fue acertada. Hoy es nivel III del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt, el más alto grado, y su prestigio científico le abrió las puertas para participar en el capítulo “Symmetry Principles and Conservation Laws”, incluido en la Encyclopedia of Life Support Systems, uno de los mayores repositorios de libros electrónicos en la web auspiciado por la UNESCO.

Es integrante del Cuerpo Académico Nueva Física en Aceleradores y el Cosmos, conformado por investigadores del IFUAP y de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas, reconocido como uno de los mejores de provincia en el área de física de partículas. Igualmente es miembro de las academias Mexicana de Ciencias y para el Avance de la Ciencia, la Tecnología y las Humanidades de Puebla, así como de la Sociedad Mexicana de Física.

La charla termina con una explicación de un concepto físico. Cinco minutos son suficientes para tapizar un pequeño pizarrón con símbolos extraños, pues para el académico del IFUAP –a quien le gusta jugar con amigos y familia  dominó, viuda o rummy k, y disfrutar a Puca, su perra, una fox terrier ratonera- “la búsqueda de la teoría que unifique todas las fuerzas fundamentales de la naturaleza, describa todos los objetos observados con base en unos cuantos bloques fundamentales y explique la evolución del Universo de principio a fin, es un apasionante objetivo al cual bien vale la pena dedicar los mejores esfuerzos”.

Alfonso Rosado, doctor en Ciencias, se caracteriza por su entusiasmo y sentido del humor.  Ríe, siempre ríe. A la edad de 38 años le diagnosticaron  Parkinson. Si algo aprendió de su novela preferida El destino de un hombre, de Mijaíl Shólojov, es que pese a los conflictos no debe faltar la fe en sí mismo. Es así que su condición no lo frenó; al contrario, lo impulsó a permanecer en la búsqueda de los grandes misterios de la ciencia, al lado de su compañera de aventuras, su esposa Reyla, quien obtuvo su doctorado en Matemáticas en el Cinvestav del IPN.

Su mirada penetra, hurga. Hay nobleza. “Difícilmente voy a creer que exista un cielo o un infierno, porque la tierra es redonda y no hay más, pero pienso que la vida es una oportunidad única, misterioso y bella. Si supiera que mañana se acaba el mundo, de cualquier forma sembraría un árbol. Tenemos que aprender que la vida es acá y ahora”.

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