Una vida dedicada a la academia se traduce en amor por la camiseta: Lilia Mercedes

Con 47 años de labor docente, afirma: "Me gusta mucho lo que hago y aún puedo aportar a la formación de los estudiantes. Verlos crecer, vale la pena"

Más de cuatro décadas dedicadas a la academia, a la formación de estudiantes, se traducen en amor por la camiseta. Un gusto por la enseñanza, pero, sobre todo, disfrutar lo que se hace día a día. "Enseñar es una labor que me dio, da y sigue dando muchas posibilidades y satisfacciones", afirma Lilia Mercedes Alarcón y Pérez, con 47 años de docencia en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), una de las fundadoras de la Preparatoria Emiliano Zapata.

La actual profesora investigadora, de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), indicó que la mayor parte de su trabajo se centró en el nivel medio superior, desde gestionar lugares de ingreso para los jóvenes, pasando por la modificación de planes curriculares, hasta los cambios y balances de la Reforma Universitaria.

-¿Por qué enfocó su trabajo y esfuerzo en preparatoria?

"A esa edad, los chicos están en una etapa difícil. Como docente uno afronta situaciones de embarazos y otras cuestiones de sexualidad. Pero cuando existe disposición de su parte (de los estudiantes) se puede trabajar mucho con ellos, incluso es posible trasmitirles valores. Los ves crecer en todos los sentidos. Pensando en la primera vez que di clases en la Preparatoria Popular Emiliano Zapata, considero que he crecido mucho no sólo académicamente, también como persona".

El amor hacia un hijo, es el mismo que siente por sus alumnos. Su dedicación y horas invertidas en la formación de cientos de jóvenes, no fueron en vano. "He tenidos hijos y sobrinos de todo el mundo", ríe, al tiempo de recordar los viejos tiempos.

La doctora Lilia Mercedes Alarcón y Pérez es originaria de Puebla y egresada de la segunda generación de la Licenciatura en Economía de la BUAP. Su determinación y carácter fuerte la llevaron a asumir la dirección de la Preparatoria Regional Enrique Cabrera Barroso, en Tecamachalco, donde buscó que el Hospital Universitario brindara atención psicológica a los jóvenes, formó un equipo de trabajo consolidado, estableció cursos para padres y vinculación con la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia en ese municipio.

En el Colegio de Historia de la FFyL consiguió, junto con su equipo de trabajo, casi 3 millones de pesos en los inicios del Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI), un recurso importante considerando que se trató de un área de humanidades. Más tarde, durante 12 años fue secretaria académica de la Maestría en Educación Superior en esa unidad académica.

Actualmente, forma parte de la planta docente del Doctorado en Investigación e Innovación Educativa de la FFyL, posgrado en el que imparte seminarios, clases y asesora tesis. Trabaja las líneas de investigación Evaluación profesional, así como Lectura y escritura. Es integrante del Cuerpo Académico Práctica y Formación Profesional.

Ciclos de cine, recitales de poesía y círculos de lectura se evocaron en una charla que transcurrió junto con la tarde, en un edificio con tres siglos de historia, "La Casa del Pueblo". Recuerdos de juventud que brillaron en sus ojos, al igual que ideales que aún ejerce: formar ciudadanos críticos.

Su visión romántica de cambiar el mundo la llevó a incursionar en movimientos sociales en los años 70, periodo en el que las luchas y movilizaciones eran protagonizadas por los universitarios. "Los movimientos sociales eran un momento clave". Fue así que alzó la voz para que más jóvenes pudieran ingresar al nivel medio superior, siendo partícipe de la creación de la Preparatoria Popular Emiliano Zapata, la cual fue reconocida en 1972.

Fue una época marcada por conflictos políticos e ideológicos. Sin embargo, dijo, "la solidaridad de los compañeros siempre estuvo presente, nos apoyábamos unos a otros; era una gran fraternidad". Todos tenían un objetivo en común: defender los ideales comunistas en la Institución, mismos que implicaron un cambio en la misma. En ese entonces, también se desempeñó como funcionaria en la Dirección de Educación Media Superior, en el rectorado del ingeniero Luis Rivera Terrazas.

Su vida personal ha transcurrido al lado de su trayectoria docente, esta última no le impidió ser esposa, madre y abuela. "Algunas veces fue complicado, sobre todo cuando los hijos eran pequeños, porque en muchos momentos me acompañaron en mis actividades. Por otro lado, mis mejores amigos siempre fueron compañeros de la universidad. He tenido el apoyo de mis compañeros y de mi familia".

Aunque nadie de su familia siguió sus pasos en causas sociales, inculcó en ellos una sensibilidad social. "Si la gente es solidaria y aprende a ser colectiva, se genera un cambio", afirma.

Lilia Mercedes Alarcón y Pérez es doctora en Ciencias Pedagógicas por la Universidad de Camagüey, en Cuba, y afirma que la docencia es su vocación: "Me dio, da y sigue dando muchas posibilidades. Me gusta mucho lo que hago y siento que todavía puedo aportar a la formación de los estudiantes. Verlos crecer, vale la pena. Si llega un momento en el que no pueda hacerlo, me iré. Por ahora, estoy en las aulas".

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